Los niños y el estrés
Cuando se habla de estrés, se lo relaciona específicamente con los adultos, ya sea por la gran carga de responsabilidades laborales como por los problemas personales, y más aún, cuando tiene una familia que sostener. Pero jamás se tiene en cuenta que el estrés y el cansancio que los padres sienten, muchas veces se trasladan a los hijos.
El estrés es necesario para sortear los obstáculos que se nos presentan en la vida, pero el problema surge cuando las presiones se llevan al extremo. Es que hay que tener en cuenta que los niños también deben enfrentar situaciones estresantes, como son los exámenes, un escaso tiempo libre, demasiadas actividades extras, las relaciones humanas dentro del ámbito escolar, entre otras.

En los adultos el estrés muchas veces puede provocar angustia, náuseas, irritabilidad, jaquecas, fatiga crónica. Y en los niños se puede observar hiperactividad, pérdida de atención e inclusive fatiga crónica. Con respecto a los niños más pequeños (desde los 2 años en adelante), se puede complicar el cuadro, puesto que se pueden agravar enfermedades como el asma o las alergias, y causar trastornos en el intestino e irritaciones cutáneas.
Como ya dijimos existen diversos factores que pueden causar estrés en los niños (la escuela, la socialización, los divorcios, la llegada de un bebé, etc.), ¿pero qué hacer frente a una situación de este tipo?
Los padres deben prestar suma atención en todo momento, sobre todo cuando aparecen los primeros síntomas, como los dolores de estómago, de cabeza, los tics nerviosos, etc.
No sobrecargarlos con muchas actividades, puesto que el tiempo libre y el juego son necesarios para el desarrollo del niño.
A través del humor y del juego, enseñarles a estar más relajados y tratar en lo posible de nos transmitirles preocupaciones.
Ayudarlos que aprendan a superar los obstáculos y errores y no regañarlos por todo.
Controlar el tiempo en que los niños pasan frente al televisor, y a su vez inspeccionar el tipo de programas que miran. Por supuesto, que la alimentación y las bebidas que los más pequeños consumen, son otros de los factores que se debe tener en la mira.
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